Kanye es el Rey: análisis de su noveno álbum

Acércate a la luz. La suave luz del Kanye.

«Jesus is King» es la última obra de Kanye West donde el rapero de Chicago vierte su vena más religiosa a un álbum tan corto como intenso: tan solo 27 minutos nos separan del corte inicial al final.

He escuchado a Kanye West toda mi vida, diría que es el artista más prolífico desde mi adolescencia a mi adultez. Comencé a seguirle la pista allá por 2009-2010 donde su «My Beautiful Dark Twisted Fantasy» alcanzó cotas de fama ni siquiera previstas por este rapero que funcionaba más a modo de colaboración de grandes artistas que de «gran artista» en sí. El resultado era una amalgama de canciones donde tanto podía venir Rihanna o Nicki Minaj a acompañarte como criticar a América entera.

«Yeezus» de 2013 fue un corte más polémico y lleno de gritos y cacharrería que funcionó muy bien por la época. De ahí salieron hits como «Black Skinhead» o «I am God» donde ya se empezaba a vislumbrar ese narcisismo tan propio de sus entrevistas y actuaciones (en una de sus giras, Kanye cantaba desde una plataforma que tapaba, literalmente, al público que se encontraba abajo).

Después llegaría «The Life of Pablo», en 2016, y que, personalmente, es su mejor disco hasta la fecha. Aquí ya es esposo de Kim Kardashian, se habla de las 30 horas que pasaba en la carretera para ver a su ex, y hay colaboraciones muy sonadas como aquella «Wolves» que le sirvió como escaparate para anunciar el disco ante medio mundo. La estrategia de márketing por entonces fue realizar un desfile en directo donde a modo de fiesta, reunió a toda su familia y amigos para dar un lanzamiento al álbum como se merecía.

«Ye» de 2018 fue un corte mucho menos anecdótico. Hablaba de sus problemas con su trastorno bipolar, de las fantasías sobre matar a otra persona porque era capaz de matarse a sí mismo. También de esa preciosa canción que fue «Ghost Town» que a mí me caló muchísimo (me pasé por aquella época en la cama por una fisura que me causé yo misma) y que cantaba, minuto a minuto, ese » i put my hand in the stove […] and nothing hurts me anymore, I kinda feel free».

Sin embargo, un año y medio ha pasado desde entonces y apenas conocíamos de lo nuevo que podría sacar el artista. «Jesus is King» es otra línea dentro de su propia discografía porque no podríamos calificarlo como una obra de rap ni de hip hop porque el gospel ha tomado gran parte de su contenido. Gracias a la colaboración de «Sunday Service» el álbum toma ese toque cristiano que queda muy bien a la voz de Kanye donde no rima ni habla de temas adultos o polémicos como en otras obras sino que se dedica a hablar de Jesús, de sus consejos y sabidurías.

Especialmente buena esa «Selah» donde se repite hasta 43 veces la palabra «Hallelujah» (Kanye tiene casi la misma edad) símbolo de una nueva llegada de un nuevo Kanye, también, más relajado y lleno de energía para su nueva familia (recordemos que tiene varios hijos con Kim Kardashian al momento) y donde continúan otros cortes más suaves (incluso con guitarrita de fondo) como ocurre con «Closed on Sunday».

No descartemos la prodigiosa «God is» como una lección a principiantes sobre un concepto tan complicado como es el definir a Dios. También el «Use This Gospel» donde quiere dar una muestra de gratitud ante todas las enseñanzas y cómo la religión puede volver a ser un medio de protección, consuelo y esperanza.

¿Qué podemos extraer, por tanto, de este nuevo disco?

Extraemos preocupación cuando habla de alejar a las víboras de sus hijas.

Extraemos rendición al hablar de cómo Jesus es Rey, Jesús es el Señor en «God is».

Extraemos debilidad cuando habla de cómo Dios le dará fuerza a sus manos para seguir adelante.

Extraemos fe en cada una de las canciones. Fe que parece le ha ayudado en su retirada de medicación de un trastorno bipolar que lleva con él media vida.

Kanye West puede sonar como un cretino para muchas de las personas que me puedan leer. Pero también quiero aprovechar para dar las gracias por ayudar a más de una persona que escuche este disco. Porque no solo acerca las enseñanzas de Jesús y de la Biblia a una generación ateísta e indiferente ante estas Escrituras sino que puede ser una ventana para otro tipos de públicos que solo habían oído de Kanye por sus polémicas y cómo este álbum puede ser una suerte de perdón por todos aquellos que ofendió.

Porque cómo no decirlo. El verdadero Rey es Kanye.

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