Keanu Reeves: psicología de un momento “breathtaking”

El último E3 celebrado en la ciudad californiana de Los Ángeles a mitad del mes de junio, no solo se ha encargado de anunciar juegos o servicios de suscripción sino de generar sorpresas entre su público.

En este 2019 (un año que sirve de transición entre la octava y la novena generación de consolas) no ha habido tantas novedades como otros años y esto ha convertido las conferencias en un espectáculo mucho menos recordable pero aun así divertido.

Sin embargo, siempre hay un momento que queda para la posteridad. Algo que recordaremos los millones de personas que observamos (y cubrimos) el evento desde nuestras casas.

Sucedió en la conferencia de Microsoft el domingo 9 de junio a las 22:00h (hora española). El “momentazo” de este E3 comenzó tras aparecer un tráiler comercial sobre la aventura cibernética de Cyberpunk 2077 hecha por el estudio polaco CD Projekt Red. Tras este vídeo, las puertas del escenario se abrieron para anunciar la llegada de Keanu Reeves, que fue recibido entre vítores, risas y aplausos.

El legendario actor, conocido por Matrix y John Wick, fue el protagonista indiscutible de la velada comenzó a hablar sobre las aventuras que nos depara en la distópica Night City. De repente, y de forma atropellada, mientras el propio actor se ríe de sus propias gracias, un chico del público le dice la siguiente frase: “You’re breathtaking” traducido como “Eres impresionante”.

La anécdota no daría para mucho más si no fuera porque el propio actor le rebate con un “No, you’re breathtaking. You’re all breathtaking” traducido como “No, tu sí que eres impresionante. Somos todos impresionantes”.

Tras esta situación, se produjo el tan viralizado: “Now, check this out” traducido como “Ahora, fijaros en esto” con el segundo tráiler donde se publicaba la fecha de salida del videojuego.  Aunque la conferencia continuó con muchas más novedades, el público sabía que habían acudido a un momento inigualable que no solo sorprendió a las personas físicas que estaban sentadas en las gradas, sino al mundo entero que no tardó en convertir el momento en un meme que circularía por todas las redes sociales.

A raíz de esto, quise hacerle algunas preguntas al psicólogo Víctor Martín (@Reyno1ds_ en Twitter) sobre el significado del acontecimiento. Lo primero que quise saber es si este momento realmente tenía veracidad, si no era en realidad parte de un show y cómo el lenguaje no verbal de Reeves puede (o no) certificar esto.

Martín me respondió: “si bien siempre es arriesgado sacar conclusiones a partir de pequeñas interacciones o del lenguaje gestual por sí mismo, en casos así, se torna todavía más complicado. Los actores, en particular, y por las exigencias de su trabajo, tienen tan entrenadas las habilidades sociales y el control del lenguaje no verbal que, en este caso y aún fuera de pantalla, es difícil discernir dónde empieza la persona y dónde termina el personaje”.

El psicólogo continúa: “A lo largo de su aparición en el escenario, se diferencian bastante bien cuáles son las partes guionizadas y las que Reeves añade de su propia cosecha, y aunque en estás últimas se sienten antinaturales e incluso forzadas […] de nuevo, no es fácil concluir si corresponden a muletillas fruto de los nervios o adiciones personales prueba de su control sobre la situación.”

Martín concluye: “A juzgar por lo que puedo llegar a interpretar de su intervención, diría que es una mezcla de ambas: no parece que él se esperara tanta expectación y eso acaba por abrumarlo ligeramente (antes de empezar a hablar dice “all right” hasta tres veces, no tanto hacia el público sino hacia sí mismo como asimilando la situación), pero, a la vez, no deja de ser un actor conocido y veterano, relativamente acostumbrado a ese tipo de situaciones, y lo cierto es que, aún dentro del posible agobio, lo que no muestra en ningún momento son signos de incomodidad”.

Por lo tanto, parece que dicho momento no fue realmente genuino sino producto de una serie de coincidencias que el actor supo gestar de manera correcta.

Algo que también quedo remarcable dentro de esta situación fue la no aceptación del piropo por parte del actor. Mi duda sobre si Reeves decide poner la mira en otra persona para eludir dicho elogio, quedan bastante respondidas por Martín: “Creo que el momento breathtaking viene dado un poco por la situación. Para ese momento del discurso, la estructura ya se ha disgregado en favor del fervor colectivo. […] Tanto el actor como el público están sobrecogidos por la situación y a ninguno parece interesarles especialmente el contenido de un guion generalista de promoción. En este caldo de cultivo, cuando llega la parte del discurso en la que toca decir lo “increíble” que va a ser pasear por Night City, el contenido es ya tan redundante y superficial en relación con la propia situación […] que esta toma fuerza y contagia a sus participantes, quienes acaban dejándose llevar.”

Por tanto: “en este sentido, la devolución por parte de Reeves, cuya respuesta resulta casi un eslogan parece más consecuencia de la situación que de un rechazo al cumplido.”

En el mundo de los elogios, la gran mayoría solemos responder negativamente o incluso pensando que, en realidad, se están riendo de nosotros. Este problema, que aquí se manifiesta de una forma tan masiva, fue objeto de la siguiente y difícil cuestión: ¿cuál es la mejor manera de aceptar un piropo y porqué nos cuesta tanto?

La respuesta de Martín fue la siguiente: “Tendemos a pensar que los piropos son inherentemente positivos y las críticas naturalmente negativas, y no es así. Al igual que una crítica constructiva y formulada desde el respeto puede ser tremendamente positiva, un piropo realizado en un mal momento y de malas formas […] puede convertirse en una experiencia muy desagradable”.

“No obstante, la valencia del comentario depende tanto de la persona que lo formula como de quién lo recibe. Así, y aunque no suele ser lo habitual, hay gente que no recibe mal las críticas duras y directas o que no se siente amenazada por un piropo inapropiado, debido a que, quizá, no valoran esos comentarios como significativos hacia su persona o puede que hayan aprendido a escindir la forma del contenido y se queden únicamente con lo segundo. En cualquier caso, la respuesta a la pregunta no es sencilla ni es única: a la hora de recibir, en este caso, un piropo, se ponen en marcha procesos cognitivos que van a influir decisivamente en cómo éste nos afecta y que están mediados por nuestra autoestima, de forma general y por nuestro estado emocional, de manera específica.”

Una respuesta, sin duda, muy explicativa sobre cómo funcionamos en esas situaciones. Además, los piropos inciden mucho en nuestra autoestima, ante la cuestión sobre cómo nos afecta los piropos de los demás en este ámbito, Martín contesta: “Tal y como comentaba antes, la recepción de valoraciones externas va a depender, por un lado, de nuestra autoestima, y por otro, del estado emocional en le que nos encontremos. Así, una persona con una autoestima dañada va a tender a caer en sesgos cognitivos que no le permitan aceptar las opiniones de manera lógica y racional, dada la valoración distorsionada de sí mismo […] Por las partes de los elogios (al contrario que ocurre con las críticas) ocurre el efecto contrario, […] será muy difícil que una persona con baja autoestima atribuya el piropo a una valoración honesta de la otra parte”.

Algo que, seguro que no notó Peter, el chico que realizó el piropo al actor, y que rechazó la edición coleccionista del juego, en aras de que donasen el dinero al hospital que ayudó a su hermana, enferma de leucemia. Ante como pudo sentirse Peter por coprotagonizar un momento tan sonado, Martín comenta:

“Creo que cualquiera se podría imaginar lo que sentiría al tener una interacción directa con una persona famosa ante la mirada de miles sino de millones de personas: alegría, gratitud, orgullo, asombro, vergüenza… […] Para hacer una intervención así son necesarios unos niveles de confianza, valentía e incluso excentricidad que nos llevan a pensar que una personalidad así recibiera el feedback […] con especial alegría y orgullo, pero también con naturalidad.”

Sin duda, con este momento, Reeves se ha conseguido acercar (aún más) a sus seguidores. El actor es conocido por dejar su faceta famosa fuera de los escenarios: de hecho, hay vídeos donde cede el asiento en el metro o donde agradece a sus entrenadores de tiro, siendo gestos muy poco dados a suceder dentro del entorno Hollywoodiense.

Además, el contexto de la fama y la reputación ha cambiado radicalmente con la llegada de las redes sociales: “Es innegable que las redes sociales y la creciente interconectividad global que nos han acercado a figuras como actores, escritores, cantantes, deportistas, hasta científicos y divulgadores. […] Parte significativa de las personalidades actuales han germinado gracias a Internet y muchos no solo han perdido su cotidianeidad en el proceso sino que la utilizan como parte de un “yo” que han convertido en producto.”

“Por otro lado, hemos llegado a un punto en el que incluso un ‘like’, un ‘retuit’ o una mención por parte de una figura conocida la consideramos como una interacción significativa, así que un comentario directo de viva voz, aun en un evento multitudinario, no podía ser menos. De todos modos, creo que la trascendencia del momento viene dada, primero, por haber juntado de manera inesperada uno de los productos de moda con una de las figuras de moda, y después, por la atípica naturalidad con la que Reeves afrontó la situación, más evidente si cabe en un evento como el E3, frecuentemente guionizado al milímetro.”

De hecho, no son pocos los momentos que se han vivido así de sorprendentes (o incluso más) a lo largo de las decenas de ediciones del E3, por lo que el momento de Keanu (también usado por su trascendencia como actor en respuesta del elenco actoral de la joya de Sony, Death Stranding) no será ni el único ni el último de estas conferencias. Quizás, con la llegada de 2020 quién nos dice que incluso dicho momento se transporte al propio Cyberpunk 2077. Eso sí que sería breathtaking.

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